31 agosto 2008

CRONICAS DEL MADRID OSCURO


... La historia de cómo Abdul perdió el brazo es corta. A las seis horas de travesía la patera se dio la vuelta, así, sin más, en medio del Estrecho y la gente empezó a gritar, mientras se ahogaba. Abdul vio cómo morían ahogados sus paisanos, manoteando en el agua. En medio del griterío, Abdul agarró una viejecita, que se parecía a su madre y que llevaba en brazos un niño pequeño, y la subió al casco de la patera. Pero no se dio cuenta de que la patera tenía hélice.

La hélice le cercenó el brazo y él se apretó la herida con una mano para no desangrarse. De esa forma se mantuvo en el casco de la barca cuatro horas, hasta que lo recogió el bote de un mercante de Málaga que andaba por ahí. Además de él, salvaron la vida la viejecita y el niño.


- Oye - me preguntó la fotógrafa moderna- ¿Por qué es mejor no despertarlo? Me gustaría mucho fotografiarlo.

- No le gustan las fotos- le contesté yo.

- ¿Por qué?
- Porque le da vergüenza que se sepa que no pudo salvar a nadie más.


Fragmento del relato
Pateras, incluído en el libro "Crónicas del Madrid oscuro", de Juan Madrid

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