08 noviembre 2008

ESPARTACO


...Vuelve al Senado y entrégales el bastón de marfil. Te hago a ti legado. Vuelve y díles lo que has visto aquí. Díles que ellos enviaron contra nosotros sus cohortes y que nosotros los hemos destruido. Díles que somos esclavos, lo que ellos llaman instrumentum vocale. La herramienta con voz. 

Cuéntales lo que nuestras voces dicen. Decimos que el mundo está cansado de ellos, cansado de vuestro podrido Senado y de vuestra podrida Roma. El mundo está cansado de la riqueza y el esplendor que vosotros habéis succionado de nuestra carne y de nuestros huesos. El mundo está cansado de la canción del látigo. Esa es la única canción que conocen los romanos. Pero nosotros no queremos oír más esa canción. En los comienzos, todos los hombres eran iguales y vivían en paz y compartían lo que tenían. Pero ahora hay dos clases de hombres: los amos y los esclavos. Pero hay más de los nuestros que de los vuestros, mucho más. Y somos más fuertes que ustedes, mejores que ustedes. 

Todo anda bien en la parte de la humanidad que nos pertenece. Cuidamos a nuestras mujeres y ellas permanecen a nuestro lado y nosotros combatimos junto a ellas. Pero ustedes hacen prostitutas a sus mujeres y convierten a las nuestras en ganado. Nosotros lloramos cuando nos son arrebatados nuestros hijos y los ocultamos entre las ovejas, de modo de poder tenerlos un poco más con nosotros; pero ustedes crían a sus hijos como crían ganado. Ustedes tienen hijos con nuestras mujeres y los venden al mejor postor en el mercado de esclavos. Ustedes convierten a los hombres en perros y los envían al circo a que se despedacen, para vuestro placer, y vuestras nobles damas romanas presencian cómo se matan entre ellos, mientras acarician perros en la falda y los alimentan con deliciosas golosinas. ¡Qué detestable pandilla son ustedes, y qué infecta mugre han hecho de la vida! 

Se han burlado de los sueños acariciados por el hombre, del trabajo de la mano del hombre y del sudor de la frente del hombre. Vuestros propios ciudadanos viven de las dádivas y se pasan los días en el circo y en la arena. Ustedes han hecho una parodia de la vida humana y la han despojado de todo su valor. Ustedes matan por matar, y vuestra más fina distracción es ver correr sangre. Ustedes ponen a trabajar en las minas a pequeñas criaturas y en pocos meses las matan trabajando. Y ustedes han construido la grandeza robándole al mundo entero. Bueno, eso se ha terminado. Díle al Senado que todo eso ha terminado. Esta es la voz de la herramienta

Díle a tu Senado que envíe sus ejércitos contra nosotros y que los destruiremos como hemos destruido éste, y que nos armaremos con las mismas armas que ustedes envían contra nosotros. El mundo entero oirá la voz de la herramienta; y a los esclavos del mundo les gritaremos: ¡Levantaos y romped vuestras cadenas! Avanzaremos por Italia y allí donde vayamos los esclavos se nos unirán, y entonces llegará el día en que marcharemos sobre vuestra ciudad entera. Y entonces ya no será eterna. 

Díle eso a tu Senado. 

Díles que le haremos saber cuando vayamos. Y entonces derribaremos las murallas de Roma. E iremos a la casa donde se reúne el Senado y los sacaremos de sus elevados y poderosos sitiales y los despojaremos de sus ropas, de modo que queden desnudos y sean juzgados al igual que siempre se nos juzgó a nosotros. Pero los juzgaremos imparcialmente y les daremos una completa medida de la justicia. Cada crimen que hayan cometido les será incriminado y tendrán que rendir cuenta de todo. Díles eso, de modo que tengan tiempo de prepararse y de autoexaminarse. Se los llamará a prestar declaración y nosotros tenemos muy buena memoria. Entonces, cuando se haya hecho justicia, construiremos ciudades mejores, limpias, ciudades sin muros, donde la humanidad pueda vivir unida, en paz y felizmente. 

Eso es todo nuestro mensaje para tu Senado. 

Transmíteselo. 

Díles que proviene de un esclavo llamado Espartaco...

Howard Fast, fragmento de su novela "Espartaco"

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