03 diciembre 2009

CONVERSACIONES LITERARIAS


[Montaigne] es capaz de sentir a la par admiración por Platón y Aristóteles, por Zenón de Elea y por Epicuro, por Séneca y por San Agustín; y no, claro está, porque no repare en que cada uno de ellos contradice al otro, sino por eso mismo, porque precisamente en la oposición de estos grandes pensamientos ve él, por así decirlo, un arquetipo de las contradicciones y discrepancias existentes en el seno de la naturaleza de las cosas...

Contradicción que no lleva en absoluto a desesperar, en primer lugar porque es inherente a la naturaleza de las cosas y luego porque es indicio de la libertad de pensamiento, único placer posible aquí en la tierra...

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